Un Excelente informe de Ivan Carrino, para desmenuzar la relacion de Proteccionismo es Pobreza, que debido a las trabas a las importaciones, los Argentinos estamos obligados a pagar hasta 5 veces mas por los productos que consumimos.
Mediante trabas a las importaciones, que pueden tomar la forma de tarifas aduaneras, tipos de cambio artificialmente elevados o restricciones burocráticas varias, los gobiernos buscan frenar el ingreso de productos del extranjero, favoreciendo deliberadamente a los productores locales pero a costa de los consumidores.
Una muestra reciente de los costos del proteccionismo fue provista por la Cámara Argentina de la Mediana Empresa. En un comunicado de prensa, que buscaba criticar la habilitación con restricciones del servicio “Puerta a Puerta” para compras al extranjero, divulgaron un cuadro comparativo de los precios de algunos productos cuando éstos venían fabricados de China o cuando éstos eran fabricados por la sagrada “industria nacional”.
Como se observa, incluso pagando aranceles del 50% sobre los precios de los productos importados, la indumentaria resulta hasta 67,3% más barata si su origen es China. Así, restringir el ingreso de esos productos al mercado local, está haciendo que los argentinos paguemos hasta 3 veces más por un “vestido casual” para favorecer a los empresarios textiles.
Aún con aranceles, lo mismo ocurre en la industria juguetera, en los productos de decoración para el hogar y en la electrónica. Allí, los precios son de dos a tres veces más altos que los de origen extranjero.
Ahora bien, si se redujeran los aranceles a cero, los productos importados serían todavía más baratos. Para el caso de la indumentaria, los consumidores argentinos podrían pagar hasta 78,2% menos de lo que se paga por un producto “Made in Argentina”. Es decir, pagamos hasta 5 veces más.
El proteccionismo genera pobreza. Si pudiéramos comerciar libremente con el mundo, los ingresos reales de los consumidores nacionales crecerían. Al gastar menos en este tipo de bienes, tendríamos más ingreso disponible que podríamos utilizar para gastar en otros bienes y servicios que nuestra economía produzca. En tiempos en que mucho se debate acerca del salario real de los trabajadores, ¿qué mejor política que incrementarlo mediante la posibilidad de comprar bienes y servicios con hasta el 78,2% de descuento?
Los costos del proteccionismo recaen especialmente sobre los más pobres. En definitiva, quien está más arriba en la pirámide de ingresos, puede hacer el esfuerzo de pagar de más por los productos que consume. Sin embargo, con escasos ingresos, éste no es un lujo que puedan darse los que menos tienen.
Mediante trabas a las importaciones, que pueden tomar la forma de tarifas aduaneras, tipos de cambio artificialmente elevados o restricciones burocráticas varias, los gobiernos buscan frenar el ingreso de productos del extranjero, favoreciendo deliberadamente a los productores locales pero a costa de los consumidores.
Una muestra reciente de los costos del proteccionismo fue provista por la Cámara Argentina de la Mediana Empresa. En un comunicado de prensa, que buscaba criticar la habilitación con restricciones del servicio “Puerta a Puerta” para compras al extranjero, divulgaron un cuadro comparativo de los precios de algunos productos cuando éstos venían fabricados de China o cuando éstos eran fabricados por la sagrada “industria nacional”.
Ahora frente a la contundente evidencia respecto de los beneficios del comercio internacional, la respuesta frecuente es que ese beneficio se vería contrarrestado con una masiva oleada de despidos. Este argumento es erróneo. Basta mirar lo que sucede en Chile o Perú, quienes hace años tienen políticas de apertura comercial y no han tenido problemas de empleo.
Además, un análisis más extenso indica que los países más abiertos al comercio internacional, no solo no tienen problemas de empleo, sino que son, en promedio, 5 veces más ricos que aquéllos que deciden levantar todo tipo de trabas y barreras.
Si hay problemas de fondo que dañan la competitividad de algunos sectores, como la carga tributaria feroz, la elevada inflación o las incontables regulaciones, entonces lo que deben encararse son reformas estructurales. Pero acudir al proteccionismo es simplemente agregarle problemas a los problemas, y empobrecernos a todos para favorecer a sólo algunos.
Con altas regulaciones comerciales, el país tiene más de 30% de pobreza, inflación de las más altas del mundo y una economía estancada hace 4 años. No sería mala idea probar, aunque sea una vez, con reformas que prioricen la libertad y el bienestar de los consumidores.
Una muestra reciente de los costos del proteccionismo fue provista por la Cámara Argentina de la Mediana Empresa. En un comunicado de prensa, que buscaba criticar la habilitación con restricciones del servicio “Puerta a Puerta” para compras al extranjero, divulgaron un cuadro comparativo de los precios de algunos productos cuando éstos venían fabricados de China o cuando éstos eran fabricados por la sagrada “industria nacional”.
Como se observa, incluso pagando aranceles del 50% sobre los precios de los productos importados, la indumentaria resulta hasta 67,3% más barata si su origen es China. Así, restringir el ingreso de esos productos al mercado local, está haciendo que los argentinos paguemos hasta 3 veces más por un “vestido casual” para favorecer a los empresarios textiles.
Aún con aranceles, lo mismo ocurre en la industria juguetera, en los productos de decoración para el hogar y en la electrónica. Allí, los precios son de dos a tres veces más altos que los de origen extranjero.
Ahora bien, si se redujeran los aranceles a cero, los productos importados serían todavía más baratos. Para el caso de la indumentaria, los consumidores argentinos podrían pagar hasta 78,2% menos de lo que se paga por un producto “Made in Argentina”. Es decir, pagamos hasta 5 veces más.
El proteccionismo genera pobreza. Si pudiéramos comerciar libremente con el mundo, los ingresos reales de los consumidores nacionales crecerían. Al gastar menos en este tipo de bienes, tendríamos más ingreso disponible que podríamos utilizar para gastar en otros bienes y servicios que nuestra economía produzca. En tiempos en que mucho se debate acerca del salario real de los trabajadores, ¿qué mejor política que incrementarlo mediante la posibilidad de comprar bienes y servicios con hasta el 78,2% de descuento?
Los costos del proteccionismo recaen especialmente sobre los más pobres. En definitiva, quien está más arriba en la pirámide de ingresos, puede hacer el esfuerzo de pagar de más por los productos que consume. Sin embargo, con escasos ingresos, éste no es un lujo que puedan darse los que menos tienen.
Mediante trabas a las importaciones, que pueden tomar la forma de tarifas aduaneras, tipos de cambio artificialmente elevados o restricciones burocráticas varias, los gobiernos buscan frenar el ingreso de productos del extranjero, favoreciendo deliberadamente a los productores locales pero a costa de los consumidores.
Una muestra reciente de los costos del proteccionismo fue provista por la Cámara Argentina de la Mediana Empresa. En un comunicado de prensa, que buscaba criticar la habilitación con restricciones del servicio “Puerta a Puerta” para compras al extranjero, divulgaron un cuadro comparativo de los precios de algunos productos cuando éstos venían fabricados de China o cuando éstos eran fabricados por la sagrada “industria nacional”.
Ahora frente a la contundente evidencia respecto de los beneficios del comercio internacional, la respuesta frecuente es que ese beneficio se vería contrarrestado con una masiva oleada de despidos. Este argumento es erróneo. Basta mirar lo que sucede en Chile o Perú, quienes hace años tienen políticas de apertura comercial y no han tenido problemas de empleo.
Además, un análisis más extenso indica que los países más abiertos al comercio internacional, no solo no tienen problemas de empleo, sino que son, en promedio, 5 veces más ricos que aquéllos que deciden levantar todo tipo de trabas y barreras.
Si hay problemas de fondo que dañan la competitividad de algunos sectores, como la carga tributaria feroz, la elevada inflación o las incontables regulaciones, entonces lo que deben encararse son reformas estructurales. Pero acudir al proteccionismo es simplemente agregarle problemas a los problemas, y empobrecernos a todos para favorecer a sólo algunos.
Con altas regulaciones comerciales, el país tiene más de 30% de pobreza, inflación de las más altas del mundo y una economía estancada hace 4 años. No sería mala idea probar, aunque sea una vez, con reformas que prioricen la libertad y el bienestar de los consumidores.
Fuente: IVÁN CARRINO
Editor de El Diario del Lunes de Inversor Global. Licenciado en Administración por la Universidad de Buenos Aires y Máster en Economía

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